miércoles, 6 de febrero de 2008

Dar.



Dar todo en la vida

Es sentir la plenitud,

Demos lo bueno de nosotros,

Sin esperar gratitud.

Nada se pierde en el mundo

Ni una mirada de amor,

Todo vuelve a nosotros,

Con el mismo calor.

Unos dan amor sincero,

Otros algo material.

Ambas cosas son necesarias

Pues vienen del manantial.

Despréndete del egoísmo.

De tener todo así,

Ayudemos a los otros

Ayudémosle aquí.

¿Para que tenerlo todo?

Sin poder compartir

Dios nos dio a todos algo

Para poder contribuir

Ayudemos al que pide,

Pues le damos salvación

Dios también nos oye siempre

Y nos da la solución.


Por Vladimir Burdman.

dominio de la acción.


— Si vuestra men­te es tal como debe ser, se perturbará muy poco con vuestra acción. Recordad que para ayudar a la Humanidad, el pensamiento debe conver­tirse en acción.

En esta labor no caben tibiezas, sino una cons­tante actividad. Pero debéis cumplir vuestro propio deber, no el de los demás, a no ser con su permiso y con el fin de ayudarlos. Dejad que ca­da cual cumpla su propio deber, a su modo pe­culiar; estad siempre dispuestos a ofrecer vues­tro apoyo cuando sea necesario, pero nunca os entrometáis. Porque, para algunas personas, la cosa más difícil del mundo es aprender a cum­plir sus propios deberes, y precisamente esto es lo que vosotros debéis hacer.

Aunque tratéis de realizar una labor más ele­vada, no por ello debéis olvidar vuestros deberes ordinarios, pues hasta que éstos no queden satis­fechos, no estaréis en libertad para prestar otros servicios. No os comprometáis a nuevos deberes mundanos; mas debéis cumplir perfectamente aquellos de que estéis encargados, esto es, todos aquellos deberes que reconozcáis como eviden­tes y razonables, no deberes imaginarios que otros traten de imponeros. Si queréis servirles a Ellos, debéis cumplir vuestros deberes ordina­rios mejor y no peor que los demás; porque ha­ciendo esto también Les servís.

J. KRISHNAMURTI

¿Qué es entonces el camino del retorno?




Es un profundizar en las causas que originaron el olvido, es escudriñar las voces que hablan desde muy adentro, es redescubrir la esencia que ha quedado olvidada, es desandar los pasos que han inclinado al hombre hacia el reino de las formas, para dirigirlo nuevamente hacia el reino de las esencias. Este es el camino que nos proponemos explicar.

Sobra decir que la comprensión de estos conceptos, no lleva necesariamente al redescubrimiento de uno mismo, que el comentar y participar de estas enseñanzas, jamás podrán sustituir a la investigación personal que cada uno habrá de realizar en sí mismo. Nosotros mostraremos la puerta, cada quién habrá de abrirla, cada quién habrá de caminar, cada quién habrá de trabajar en su propio retorno.

Espero que estas instrucciones sean para ustedes el motivador que necesitan para seguir el impulso que hace tiempo empezaron: el camino del retorno.

Saint Germain

lunes, 4 de febrero de 2008

Haciéndote Cargo de ti Mismo



Quiero dedicar este artículo a un libro muy especial, primero en la lista de muchas personas que incursionan los caminos del autoconocimiento y el mejoramiento personal. Se trata de “Tus Zonas Erróneas”, del Dr. Wayne W. Dyer.

Él expresa “La esencia de la grandeza radica en la capacidad de optar por la propia realización personal en circunstancias en que otras personas optan por la locura”. La “locura” del milenio pasado es muy distinta a la que hoy estamos viviendo: cambios a velocidad cósmica, rutina enfermiza, abandono personal, escasez de minutos, carencias en la salud emocional, desequilibrio familiar, etc. Se trata de “Tus Zonas Erróneas”, del Dr. Wayne W. Dyer. Él expresa “La esencia de la grandeza radica en la capacidad de optar por la propia realización personal en circunstancias en que otras personas optan por la locura”.

Los sentimientos son reacciones que eliges tener. Si eres dueño de tus propias emociones, si las controlas, no tendrás que escoger reacciones de autoderrota. Cuando aprendas que puedes sentir lo que prefieres o eliges sentir, empezarás a encaminarte por la senda de la inteligencia, tanto en lo personal, familiar y profesional. Un sentimiento es una reacción física a un pensamiento. Eres tú el responsable de tu desgracia porque son tus pensamientos respecto a las cosas y a la gente que hay en tu vida lo que te hacen infeliz. Muchos autores recalcan que del estilo de pensamiento dependerá tu estilo de vida.

Sólo tú puedes mejorar tu suerte y hacerte feliz a ti mismo. De ti depende hacerte cargo de controlar tu propia mente y entonces tratarás de sentir y actuar de la manera que elijas. Absorbe todo lo que te brinda el momento presente y desconéctate del pasado que ya no existe y del futuro que llegará a su tiempo. Tú eres lo que eliges ser hoy en día, no lo que antes elegiste ser. Hace años, en 1903, Henry James dio estos consejos en su novela Los Embajadores: “Vive todo lo que puedas; no hacerlo es una equivocación. No importa mucho lo que hagas siempre que tengas tu vida. Si no has tenido eso, ¿Qué has tenido?… El momento apropiado es cualquier momento que uno aún tiene la suerte de tener… ¡VIVE!”.

Valora el momento presente, saborea cada momento de tu vida, piensa que si lo desperdicias con actitudes autofrustantes, lo habrás perdido para siempre.

Carlos Castañeda dice que el hombre sabio es aquel que “Vive actuando, no pensando en actuar, ni pensando en lo que pasará cuando haya terminado de actuar. Él sabe que su vida habrá terminado demasiado pronto; él sabe, porque él ve, que nada es más importante que ninguna otra cosa. Así pues el hombre sabio suda y resopla y si uno lo observa es igual a cualquier otro hombre, excepto que él controla la locura de su vida. Ya que nada es más importante que ninguna otra cosa, el hombre sabio, el hombre de conocimiento escoge cualquier acto, y actúa como si le importara. El control que tiene sobre su locura le impulsa a decir que su actuación importa y hace que actúe como si importara, y sin embargo sabe que no es así; de modo que cuando cumple con sus actos, se retira en paz, y el hecho de que sus actos hayan sido buenos o malos, hayan resultado o no, no es cosa que le preocupe”.

Trata de averiguar hasta que punto estás encadenado a tu pasado. Todos los “Yo soy” autodestructivos provienen de estas cuatro frases neuróticas:

1.

Así soy yo.

2.

Yo siempre he sido así.

3.

No puedo evitarlo.

4.

Es mi carácter.

Cada vez que usas una de estas cuatro frases, lo que realmente está diciendo es:”Pienso seguir siendo lo que he sido siempre”. Tú eres producto de la suma total de tus elecciones. No hay que culpar a las circunstancias. La gente a la que le va bien en la vida es la gente que va en busca de las circunstancias que quieren, y si no la encuentran, las fabrican. La propia estima no puede ser verificada por los demás. Si dependes de los demás para valorarte, esta valoración estará hecha por los demás.

Si crees totalmente en ti mismo, no habrá nada que esté fuera de tus posibilidades. Puedes hacer cualquier cosa que quieras hacer, simplemente por el hecho de desearlo y por ningún otro motivo. Robert Jones Burdatte escribió en su obra Golden Day (El día dorado): “No es la experiencia del día de hoy lo que vuelve locos a los hombres. Es el remordimiento por algo que sucedió ayer, y el miedo a lo que nos pueda traer el mañana”. Echar la culpa a los demás es una artimaña muy práctica y antigua, cuando no quieres asumir la responsabilidad de algo que pasa en tu propia vida. Los “debes” y “deberías” siempre producen una sensación de tensión que aumenta a medida que la persona trata de actualizar sus “debes” dentro de su comportamiento. Dice el autor: ”Una vez le pregunté a una paciente si le costaba tomar decisiones, y él dijo: Bueno, sí y no”. La postergación es el arte de estar al día con el ayer, y de evitar el hoy.

El Dr. Dyer, habla de dos zonas erróneas que puede experimentar el ser humano, la Culpabilidad, donde despilfarras tus momentos presentes al estar inmovilizado por causa de un comportamiento pasado; y la Preocupación, que te mantiene inmovilizado ahora por algo que está en el futuro y en el que a menudo no tienes ningún control. La culpabilidad y la preocupación son quizá las dos formas más comunes de angustia en nuestra cultura. Ya mires atrás o adelante estás malgastando el momento presente. A continuación describiremos algunas recomendaciones, que da Dyer, para eliminar la culpabilidad:

1.

Empieza a mirar el pasado como algo que jamás puede modificarse, sientas lo que sientas respecto a él.

2.

Acepta en ti mismo cosas que tú has escogido pero que le pueden disgustar a cierta gente.

3.

Pregúntate a ti mismo lo que estás evitando en el presente por culpa del pasado.

4.

Haz una lista de todas las maldades que has hecho en tu vida. Impone clasificaciones de culpa para cada una en una escala de valores que vaya del uno al diez. Suma los resultados y constata si hoy te importa que la diferencia sea de cien o un millón. El momento presente sigue siendo el mismo y toda tu culpabilidad no es más que una actividad desperdiciada.

5.

Evalúa las verdaderas consecuencias de tu comportamiento.

6.

Trata de enseñarles a las personas que tienen que ver con tu vida y que tratan de manipularte por medio de la culpa, que tú eres muy capaz de enfrentarte con las desilusiones que les provoque tu comportamiento.

Y también para eliminar la preocupación, Dyer recomienda lo siguiente:

1.

Ve tus momentos presentes como un tiempo para vivir, en vez de obsesionarte por el futuro. El futuro se construye presente a presente.

2.

Reconoce lo absurdo que resulta la preocupación. Haz una lista de preocupaciones anotando todas las cosas que te preocupaban ayer, la semana pasada e incluso el año pasado. Verifica si tus preocupaciones hicieron algo por ti.

3.

Comienza a enfrentar tus miedos con pensamientos y comportamientos productivos.

Otra zona errónea a la que hace referencia Dyer, en su obra, es el miedo a lo desconocido. En el III milenio, lo desconocido es la materia gris para inventar nuevos futuros. La esencia de lo nuevo es lo contrario a la seguridad. Sólo los inseguros ansían la seguridad. La educación del viejo milenio estimulaba a permanecer en áreas que conocíamos, en no aventurarnos a lo desconocido. Puedes hacer cualquier cosa que quieras hacer porque lo deseas y por ningún otro motivo. Esta manera de pensar te abrirá nuevas perspectivas de experiencia y te ayudará a eliminar el miedo a lo desconocido que puede ser la actitud que hayas adoptado hasta ahora como estilo de vida. ¿Has vivido realmente 10.000 o más días o has vivido un día 10.000 o más veces?. Conviértete en el juez de tu propia conducta y aprende a confiar en ti mismo para tomar las decisiones del momento presente. Deja de buscar en las tradiciones y las normativas de toda la vida la respuesta adecuada. Canta tu propia canción de felicidad de la manera que escojas cantarla, sin preocuparte ni importarte cómo se supone que debe ser.

Este libro, busca que el retrato de una persona libre de zonas erróneas, sea el siguiente: En primer lugar, verás gente que disfruta de virtualmente todo lo que les brinda la vida; gente que se siente cómoda haciendo cualquier cosa y que no pierde tiempo quejándose o deseando que las cosas fueran de otra manera. Sienten entusiasmo por la vida y quieren todo lo que pueden sacar de ella. Hay un sentimiento libre de culpa y de toda ansiedad que se produce cuando se usan los momentos presentes inmovilizándose por hechos que sucedieron en el pasado. Ciertamente pueden reconocer que han cometido errores y pueden prometerse que evitarán repetirlos sin malgastar tiempo en arrepentimientos.

Viven ahora en el presente y no en el pasado o en el futuro. No se sienten amenazados por lo desconocido y buscan nuevas experiencias que no les son familiares. Les encanta la ambigüedad. No son postergadores. Estos individuos gozan siempre porque sencillamente se dan cuenta de lo absurdo que es esperar para disfrutar. Quieren que las personas que ellos aman sean independientes, que hagan sus propias elecciones y que vivan sus vidas por sí mismos. Son capaces de funcionar sin la aprobación y el aplauso de los demás. Reconocen que siempre habrá quien desapruebe lo que hacen. Son seres que son capaces de funcionar como ellos mismos, y no como dictamina un tercero.

No atacan con rebeldía pero internamente saben cuándo pasar por alto ciertas cosas y funcionar con la mente clara y en forma sensata. Saben reír y hacer reír. No es gente seria ni grave que camina por la vida con pasos de plomo y rostro severo. Jamás usan el ridículo para hacer reír. No se ríen de la gente, lo hacen con la gente.

Se aceptan a sí misma sin quejas. Saben que son seres humanos y que serlo implica ciertos atributos humanos. Aprecian el mundo natural. No están monopolizados por los problemas de su mundo emocional. Un problema es realmente sólo un obstáculo que hay que vencer y no un reflejo de lo que ellos son o dejan de ser como personas. No son mártires, son hacedores. Son guerreros en la vanguardia del cambio social. Tratan bien a su cuerpo.

Son honestos. No culpan a los demás por lo que ellos son. No hablan de la gente, hablan con ellos. En ellos la energía es especialmente alta. Son agresivamente curiosos. No tienen miedo al fracaso. Eliminan las emociones autodestructivas. Si usas tus momentos presentes para aumentar al máximo la plenitud de tu realización, serás una de esas personas y no un simple lector. La idea de estar libre de zonas erróneas es algo maravilloso. Puedes hacer esa elección ahora mismo, si escoges hacerla.

Por Juan Carlos Caramés Paz http://secretosenred.com/articles/1475/1/Haciendote-Cargo-de-ti-Mismo/Paacutegina1.html

Todo lo que se guarda en la oscuridad se distorsiona.

La conciencia, como el agua dulce, está hecha para fluir, y donde no puede hacerlo» se estanca. En tu mundo interno hay innumerables recuerdos e impulsos reprimidos. Tú no les permites fluir, o lo que es lo mismo, liberarse, y por tanto no tienen otra opción que estancarse. Los impulsos buenos mueren por no llevarlos a la práctica. El amor se hace tímido y temeroso cuando no se expresa. El odio y la ansiedad crecen hasta el infinito. La característica fundamental de la conciencia es que puede organizarse en nuevos patrones y diseños. Si no permites que tu conciencia vaya adonde necesita ir, el resultado es energía desorganizada. Deepak Chopra

La mente no es más que deseo

Sobre las tentaciones de los poderes espirituales

Hacer un milagro es genial, pero no lo suficientemente genial. Hacer un milagro es seguir estando en el mundo del ego. La verdadera grandeza es tan ordinaria que no pretende nada; es tan ordinaria que nunca trata de probar nada. Un hombre vino a Lin Chi y dijo: —Mi Maestro es un gran psíquico ¿Qué me dices del tuyo? ¿Qué puede hacer tu Maestro? ¿Qué milagros?—¿Qué milagros ha estado haciendo tu Maestro? —preguntó Lin Chi.El discípulo dijo: —Un día me dijo que fuera a la otra orilla del río y estaba allí con un papel en la mano. El río era muy ancho, más de un kilómetro. Él estaba de pie en la otra orilla; desde allí empezó a escribir con una pluma y su escritura se plasmó sobre el papel que yo sostenía. Esto lo he visto con mis propios ojos, ¡soy testigo de ello! ¿Qué puede hacer tu Maestro?—Cuando tiene hambre come, cuando tiene sueño duerme —dijo Lin Chi.—¿De qué me estás hablando?, —dijo el hombre—. ¿Y a eso le llamas milagro? ¡Todo el mundo lo hace!Lin Chi continuó: —No, nadie lo hace. Cuando duermes, haces otras mil cosas. Cuando comes, estás pensando en otras mil cosas. Cuando mi maestro duerme, simplemente duerme; no da vueltas ni se agita, ni siquiera sueña. En ese momento sólo existe el sueño, nada más. Y cuando tiene hambre come. Siempre está donde está.¿Para qué sirve escribir de una orilla del río a la otra? Eso es algo que sólo interesaría a personas muy estúpidas. ¿Por qué lo hace?Alguien fue a Ramakrishna y le dijo: —Mi maestro es un gran hombre. Puede caminar sobre el agua.—¡Eso es estúpido!, —dijo Ramakrishna—. Yo puedo ir al barquero y por dos peniques me cruza a la otra orilla. Tu Maestro es un loco. Ve y dile que no pierda su vida. Eso es algo que se puede hacer con toda facilidad.Pero la mente siempre está deseando. La mente no es más que deseo, anhelo de que ocurra algo. A veces piensa en el dinero, en tener más dinero, una casa más grande, en ser más respetable, en tener más poder político. Después uno gira hacia la espiritualidad y la mente sigue siendo la misma. Ahora uno quiere más poderes psíquicos: telepatía, clarividencia y todo tipo de tonterías. Pero la mente sigue siendo la misma; quieres más. El mismo juego continúa...Ahora se trata de telepatía, clarividencia o poderes psíquicos: «Si puedes hacer tal cosa, yo puedo hacer más. Puedo leer la mente de la gente a miles de kilómetros de distancia».La vida en sí misma es un milagro, pero el ego no está dispuesto a aceptarlo. Quiere hacer algo especial, algo que nadie más haga, algo extraordinario.

www.osho.com

Jiddu Krishnamurti El Estado Creativo de la Mente




En esta plática necesitamos abarcar mucho terreno, y puede ser algo difícil, o tal vez la palabra acertada sea ‘extraño’. Voy a usar ciertas palabras que pueden significar una cosa para vosotros y otra muy diferente para mí. Para entrar realmente en comunión uno con otro en todos los niveles, debemos tener una comprensión mutua de las palabras que usamos y su significado. La meditación, que me propongo indagar con vosotros, tiene para mí una enorme importancia, mientras que tal vez para vosotros sea una palabra de esas que utiliza uno más bien ocasionalmente. Quizá para vosotros signifique un método para lograr un resultado, para llegar a alguna parte; y puede implicar la repetición de palabras y frases para calmar la mente, y la actitud de la súplica. Mas, para mí, la palabra ‘meditación’ tiene un significado extraordinario; y para penetrar en él plenamente, que es lo que pienso hacer, tenemos primero que comprender, creo, el poder que crea ilusión.

La mayoría de nosotros vivimos en un mundo de meras apariencias. Todas nuestras creencias son ilusiones; carecen de toda validez. Y para desnudar la mente de toda clase de ilusión y del poder de crearla, hace falta una percepción realmente clara, aguda, la capacidad de razonar bien, sin ninguna evasión, ninguna desviación. Un cerebro que no tenga temor, que no se oculte tras secretos deseos, un cerebro que esté muy quieto, sin ningún conflicto, una mente así es capaz de descubrir lo verdadero, de descubrir si hay Dios. No me refiero a la palabra ‘Dios’, sino a lo que esa palabra representa, algo no medible en términos de palabras o de tiempo, si es que existe tal cosa. Para descubrir, por cierto tiene que terminar toda forma de ilusión y el poder de crearla. Y el despejar la mente de toda ilusión es, para mí, la vía de la meditación. Creo que por la meditación se llega a un vasto campo de inmenso descubrimiento: no invención, no visiones, sino algo enteramente distinto que está de hecho más allá del tiempo, más allá de las cosas que han sido concebidas por la mente del hombre a través de siglos de búsqueda. Si uno quiere realmente descubrir eso por sí mismo, tiene que poner la adecuada fundación, y el poner la acertada base es la meditación. Copiar un modelo, ir tras un sistema, seguir un método de meditación, todo eso es demasiado infantil, demasiado falto de madurez, es tan sólo imitación y no conduce a ninguna parte, aunque produzca visiones.

La correcta base para descubrir si existe una realidad detrás de las creencias que la propaganda ha impuesto sobre la mente de cada uno, solo se produce por el autoconocerse. El propio hecho de conocer acerca de uno mismo es meditación. Saber sobre sí mismo no es saber lo que uno debería ser; eso no tiene validez ni realidad, es simplemente una idea, un ideal. Pero comprender lo que es, el hecho efectivo de lo que uno es, de instante en instante, eso requiere que la mente se libere del condicionamiento. Entiendo por ‘condicionamiento’, todas las imposiciones que ha hecho sobre nosotros la sociedad, la religión, a través de la propaganda, de la insistencia, de la creencia, del miedo, del cielo y el infierno. Incluye el condicionamiento de la nacionalidad, del clima, de la costumbre, de la tradición, de la cultura como francés, hindú o ruso, y las innumerables creencias, supersticiones, experiencias, que forman todo el trasfondo en que vive la conciencia y que se ha establecido por el propio deseo de estar seguro. Y la investigación de ese trasfondo y su destrucción es lo que constituye la colocación de la correcta base para la meditación.

Sin libertad, no podemos ir muy lejos; sólo deambulamos dentro de la ilusión, que no tiene sentido alguno. Si queremos descubrir si hay o no realidad, si queremos de veras ir hasta el fin mismo de ese descubrimiento no meramente jugar con ideas, por muy agradables, intelectuales, razonables o aparentemente sanas que sean- tiene que haber primero libertad, liberación del conflicto. Y eso es sumamente difícil. Es bastante fácil eludir el conflicto; podemos seguir algún método, tomar una píldora, un sedante, una bebida, y ya no somos conscientes del conflicto. Pero para entrar a fondo en toda la cuestión del conflicto, hace falta atención.

Atención y concentración son dos cosas diferentes. La concentración es exclusión, estrechar la mente o el cerebro para enfocar aquello que se desea estudias, observar. Eso se comprende con bastante facilidad. Y la concentración excluyente crea distracciones ¿no es así? Cuando deseo concentrarme y la mente divaga sobre alguna otra cosa, esa otra cosa es una distracción, y por tanto hay un conflicto. Toda concentración implica distracción, conflicto y esfuerzo. Por favor, no os limitéis a seguir mis palabras, mis explicaciones, sino seguid en realidad vuestros propios conflictos, vuestras distracciones, vuestros esfuerzos. El esfuerzo implica conflicto ¿no es así?; y sólo hay esfuerzo cuando queréis ganar, alcanzar, evitar, seguir o negar.

Este, si puedo decirlo así, es un punto muy importante que hay que comprender: que la concentración es exclusión, resistencia, reducción del poder del pensamiento. La atención no es en absoluto el mismo proceso. La atención es inclusiva. Sólo podemos atender cuando la mente no tiene barreras. Es decir, puedo ver ahora los muchos rostros que tengo enfrente, escuchar las voces de afuera, oír el funcionamiento o no funcionamiento del ventilador eléctrico, ver las sonrisas, las cabezas que se mueven asintiendo; la atención incluye socio eso y más. Mientras que si meramente os concentráis, no podéis incluir todo eso; ello se convierte en distracción. En la atención no hay distracción; en ella puede haber concentración, pero ésta no es excluyente. En cambio la concentración excluye la atención. Quizá esto pueda ser algo nuevo para vosotros; pero si queréis experimentara por vosotros mismos, hallaréis que existe una cualidad de atención que puede escuchar, ver, observar, sin ningún sentido de identificación; hay un ver, un observar completo, y por lo tanto sin exclusión.

Estoy hablando un poco sobre todo esto, porque creo que es muy importante comprender que una mente en conflicto sobre cualquier cosa con respecto a sí misma, a sus problemas, su prójimo, su seguridad- una mente, un cerebro así, jamás puede ser libre. Tenéis pues que descubrir por vosotros mismos si es posible, viviendo en este mundo, teniendo que ganarse la vida, haciendo una vida de familia con todo el fastidio diario de la rutina, las ansiedades, el sentimiento de culpabilidad, penetrar muy profundamente, trascender la conciencia, y vivir sin conflicto interno.

El conflicto existe, seguramente, cuando queréis llegar a ser algo; existe cuando hay ambición, codicia, envidia. Y ¿es posible vivir en este mundo sin ambición, sin codicia? ¿O es el destino final del hombre ser eternamente codicioso, ambicioso, buscar realización y sentirse frustrado, ansioso, culpable y todo lo demás? ¿Y es posible barrer todo eso? Porque sin eliminarlo no podéis ir muy lejos; eso ata el pensamiento. Y el eliminar de la conciencia todo este proceso de ambición, envidia, codicia, es meditación. Una mente ambiciosa no puede saber lo que es el amor; una mente que está paralizada por deseos mundanos no puede ser libre. No es que tengamos que estar sin albergue, alimento, vestido, sin un cierto grado de bienestar físico; pero una mente ocupada con la envidia, el odio, la codicia tanto si es codicia de conocimientos, de Dios o de más ropas- una mente así, como está en conflicto, jamás puede ser libre. Sólo la mente libre es la que puede llegar lejos.

De modo que el conocerse a sí mismo es el principio de la meditación. Sin conoceros a vosotros mismos, carece de todo sentido repetir una serie de palabras de la Biblia, del Gita o de cualquiera de los llamados libros sagrados. Puede pacificaros la mente, pero podéis hacer eso con una píldora. Repitiendo una frase una y otra vez, vuestro cerebro naturalmente se aquieta, se adormece y embota; y en ese estado de insensibilidad, de embotamiento, podéis tener alguna clase de experiencia, lograr ciertos resultados. Pero seguiréis siendo ambiciosos, envidiosos, codiciosos, y creando enemistad. De modo que el aprender sobre uno mismo lo que uno es en realidad, es el comienzo de la meditación. Uso la palabra ‘aprender’ porque, cuando estáis aprendiendo en el sentido en que hablo, no hay acumulación. Lo que llamáis aprender es el proceso de añadir cada vez más a lo que ya sabéis. Mas, para mí, desde el momento en que hayáis adquirido, acumulado, esa acumulación se vuelve conocimiento, y el conocimiento no es aprender. El aprender jamás es acumulativo; mientras que el adquirir conocimiento es un proceso de condicionamiento.

Si quiero aprender acerca de mí mismo, descubrir lo que en realidad soy, tengo que vigilar todo el tiempo, cada minuto del día, para ver cómo me expreso. Observar no es condenar ni aprobar, sino ver lo que soy de instante en instante. Porque lo que soy está cambiando continuamente, ¿no es así?, nunca es estático. El conocimiento es estático; mientras que el proceso de aprender sobre el movimiento de la ambición nunca es estático, está viviendo, avanzando. Espero que estaré explicándome. De modo que aprender y adquirir conocimiento son dos cosas diferentes. El aprender es infinito, es un movimiento en libertad; el conocimiento tiene un centro que está acumulando, y el único movimiento que conoce es una nueva acumulación, una nueva esclavitud.

Para seguir esta cosa que llamo el ‘yo’, con todos sus matices, sus expresiones, desviaciones, sutilezas, su astucia, la mente ha de estar muy clara, alerta, porque lo que soy está cambiando constantemente, está siendo modificado ¿no es eso? No soy el mismo que ayer, ni siquiera el mismo que hace un minuto, porque cada pensamiento y sentimiento está modificando, moldeando la mente. Y si sólo os interesa condenar o juzgar partiendo de vuestro conocimiento acumulado, de vuestro condicionamiento, entonces no estáis siguiendo, avanzando con la cosa, observando. Así es que el aprender acerca de vosotros mismos tiene un significado mucho más grande que el adquirir conocimiento sobre vosotros mismos. No podéis tener conocimiento estático sobre una cosa viva. Podéis tenerlo sobre algo que ha pasado, porque todo conocimiento está en el pasado; es estático, ya está muerto. Pero una cosa viviente está siempre cambiando, sufriendo modificación; es diferente a cada minuto, y tenéis que seguirla, aprender sobre ella. No podéis comprender a vuestro hijo si estáis todo el tiempo condenando, justificando o identificándoos con el niño; tenéis que vigilarlo sin juzgarlo, cuando duerme, cuando llora, cuando juega, en todo momento.

El aprender sobre vosotros mismos es pues el comienzo de la meditación; y cuando aprendéis con respecto a vosotros mismos, se elimina toda ilusión. Y eso es absolutamente indispensable, pues para descubrir lo que es verdadero si existe la verdad, algo sin medida- no tiene que haber engaño. Y hay engaño cuando existe el deseo de placer, de consuelo, de satisfacción. Ese proceso, desde luego, es muy sencillo. En vuestro deseo de satisfacción creáis la ilusión, y ahí permanecéis enredados durante el resto de vuestra vida. Ahí estáis satisfecho; y la mayoría de las personas se satisfacen cuando creen en Dios. Están atemorizadas de la vida, de la inseguridad, de la inquietud, de la agonía, de la culpabilidad, de la ansiedad, de la miseria y la tristeza de la vida; establecen pues algo al fin, que llaman Dios, y van a ello. Y habiéndose entregado a la creencia tienen visiones y se convierten en santos, y todo lo demás. Eso no es tratar de descubrir si hay realidad o no. Puede que la haya o no la haya; tenéis que descubrió lo. Y para descubrir tiene que halar libertad al principio y no al fin; libertad de todas esas cosas como la ambición, la codicia, la envidia, la fama, el querer ser importante, y todas esas cosas pueriles.

Así que, cuando estáis aprendiendo sobre vosotros mismos, entráis en vosotros, no sólo al nivel consciente, sino en el nivel profundo, inconsciente, sacando todos los secretos deseos, los secretos empeños, impulsos, compulsiones. Entonces el poder de crear ilusión se destruye, porque habéis puesto los buenos cimientos. Cuando la mente, el cerebro, se autoexamina, se vigila en el movimiento del vivir, sin dejar nunca que escape un solo pensamiento o sentimiento sin ser mirado, comprendido, entonces la totalidad de todo eso es el darse cuenta. Es el daros cuenta de vosotros mismos enteramente, sin condenación, sin justificación, sin escoger, como os mirabais la cara en el espejo. No podéis decir: ‘desearla tener otra cara distinta’; está ahí.

Y por esta comprensión propia, el cerebro que es mecánico, que está perpetuamente charlando, respondiendo a todas las influencias- se vuelve muy tranquilo, pero sensible y vivo. No es un cerebro muerto, sino activo, dinámico, alerta, pero muy quieto, silencioso, porque no tiene conflicto. Es silencioso porque ha desechado, ha comprendido todos los problemas que habla creado por sí mismo. Después de todo, un problema surge sólo cuando no habéis comprendido la cuestión. Cuando el cerebro ha comprendido por completo, cuando ha examinado la ambición, entonces ya no hay más problema acerca de ésta: ella ha terminado. Y así el cerebro queda en calma.

Pues bien, desde este punto podemos seguir adelante, ir juntos, ya sea verbalmente, o haciendo realmente el viaje juntos y experimentando, lo que significa desechar por completo la ambición. Como sabéis, no podéis desechar la ambición o la codicia poco a poco; no se trata de ‘mas tarde’ ni de ‘entretanto’. O la desecháis totalmente o no la desecháis en absoluto. Pero, si habéis llegado hasta ahí, de modo que ya no hay codicia, envidia, ambición, entonces el cerebro está sumamente quieto, sensible, y por lo tanto, libre todo lo cual es meditación. Y entonces, mas no antes, podéis seguir adelante. El seguir adelante, si no habéis llegado hasta ahí, es mera especulación y no tiene sentido. Para seguir más allá hay que establecer esta base, que es realmente virtud. No es la virtud de la respetabilidad, la moralidad social de una comunidad, sino una cosa extraordinaria, una cosa limpia y verdadera, que surge sin esfuerzo, y que en sí misma es humildad. La humildad es esencial, pero no podéis cultivarla, desarrollarla, practicarla. Decirse ‘seré humilde’ es demasiado tonto; es vanidad encubierta con la palabra ‘humildad’. Pero hay una humildad que surge naturalmente, en forma inesperada, sin buscarla; y entonces no hay conflicto en ella, porque esa humildad nunca está trepando, deseando.

Y, cuando uno ha llegado hasta ahí, cuando hay completo silencio, cuando el cerebro esta por completo en calma y por lo tanto libre, entonces hay un movimiento del todo distinto.

Ahora bien, os ruego comprendáis que para vosotros cate estado es especulativo. Estoy diciendo algo sobre lo cual no sabéis, y por consiguiente para vosotros tiene muy escasa significación. Pero lo digo porque tiene importancia en relación con el todo, con la existencia total de la vida. Porque, si no hay descubrimiento de lo que es verdadero y de lo que es falso, si hay o no verdad, la vida se vuelve extraordinariamente superficial. Tanto si os llamáis cristianos, como budistas, hindúes o lo que queréis, la mayoría de nuestras vidas son muy superficiales, vacuas, torpes, mecánicas. Y, con esa mente torpe tratamos de hallar algo que no se puede poner en palabras. Una mente mezquina que busque lo que es inconmensurable seguirá siendo mezquina. Por lo tanto, la mente torpe tiene que transformase. Hablo, pues, de algo que podéis haber visco o no; pero es importante aprender sobre ello, porque esa realidad incluye la totalidad íntegra de la conciencia, incluye toda la acción de nuestra vida. Para descubrir eso, la mente ha de estar por completo quieta, no por la autohipnosis, no por la disciplina, la represión, ir conformidad; todo eso es tan sólo sustituir un deseo por otro.

No sé si os habrá ocurrido alguna vez tener una mente muy en calma. No la clase de calma que lográis en una iglesia, ni el sentimiento superficial que tenéis cuando vais caminando por la calle, o en un bosque, o cuando estáis ocupado con la radio, con la cocina. Estas cosas exteriores pueden absorberos y os absorben efectivamente, y hay una temporaria forma de quietud. Eso es como un muchacho qué se divierte con un juguete; el juguete es tan interesante que absorbe toda su energía, su pensamiento; pero eso no es quietud. Yo me refiero a la quietud que surge cuando se ha comprendido la totalidad de la conciencia y ya no se busca, ya no se indaga, no se desea, no se anda a tientas; y, por lo tanto, hay completa quietud. En esa quietud hay un movimiento del todo diferente; y ese movimiento es sin tiempo. No tratéis de retener estas frases, porque como tales carecen de sentido. Nuestros cerebros, nuestros pensamientos, son el resultado del tiempo; de modo que pensar sobre lo que es atemporal no tiene sentido Sólo cuando el cerebro se ha aquietado, cuando ya no busca, no indaga, no elude, no resiste, sino que está en completa quietud, porque ha comprendido todo este mecanismo, sólo entonces, en esa quietud, viene una diferente clase de vida, un movimiento que trasciende al tiempo.

Pregunta: ¿No existe una correcta clase de esfuerzo?

Krishnamurti: Para mí, no hay esfuerzo correcto y esfuerzo erróneo. Todo esfuerzo implica conflicto ¿no es así? Cuando amáis algo, en eso no hay esfuerzo, no hay conflicto ¿verdad? Veo que tiene que haber un enorme cambio en este mundo. Con todos los líderes políticos, los comunistas, los capitalistas, los autoritarios en todas partes, es indispensable en el mundo un cambio fundamental, interiormente. Tiene que haber mutación; y quiero descubrir exactamente lo que significa el cambio. ¿Puede lograrse por el esfuerzo? Cuando usáis la palabra ‘esfuerzo’, ello implica ¿verdad?, un centro desde el cual hacéis un esfuerzo para cambiar en alguna otra cosa. Quiero cambiar mi ambición, destruirla. Pero ¿qué es la entidad que quiere destruir la ambición? ¿Es la ambición algo separado de la entidad? La entidad que observa la ambición y quiere cambiarla, transformarla en alguna otra cosa, sigue siendo pues ambiciosa; luego no hay cambio alguno. Lo que produce mutación es simplemente observar, ver; no juzgar, valorar, sino sólo observar. Mas ese ver, esa observación, es impedida porque nosotros estamos tan condicionados para condenar, para justificar, para comparar. Lo que produce mutación es el descondicionamiento del cerebro.

Tenemos que ver todo el absurdo de estar condicionado, influenciado: por los padres, la educación, la sociedad, la iglesia, la propaganda de diez mil o de dos mil años. Hay un centro, interiormente, que se ha formado alrededor de todo eso; el centro es eso. Y cuando ese centro encuentra que algo no es beneficioso, quiere entonces ser alguna otra cosa que cree de mayor provecho. Pero no podemos ver esto a causa de nuestro condicionamiento como cristianos, franceses, ingleses, alemanes, o por las influencias de otras personas, por la de nuestra propia elección, la del ejemplo, la de los héroes, etc. Todo esto impide la mutación. Pero comprender que estáis condicionados, ver el hecho, sin astucia, sin deseo de beneficio sólo ver, no verbalmente, en forma intelectual, sino entrar en efectivo contacto emocionalmente con ese condicionamiento- es escuchar lo que se está diciendo. Si escucháis ahora, cuando la cosa se está diciendo, estáis emocionalmente en contacto con el hecho; y entonces no hay elección: es un hecho, como una sacudida eléctrica. Mas vosotros no recibís esa sacudida emocional, porque os resguardáis, verbalmente os protegéis; decís: ‘¿qué me va a pasar si pierdo todo, psicológicamente?’ Pero un hombre que quiere realmente descubrir, que tiene hambre de esto, debe liberar la mente de todas las influencias y de la propaganda.

Como sabéis, es muy sorprendente lo importante que se ha vuelto la propaganda en nuestras vidas. Ha estado ahí durante siglos, pero ahora se va volviendo cada vez más desenfrenada: la doblez de palabra, la venta; se os pide que compréis; las iglesias repiten sus palabras incesantemente. Y estar libre de todo eso es observar todos los pensamientos, todas las emociones a medida que surgen de momento a momento, para aprenderlo todo sobre ello. Entonces veréis, al observar por completo, que no hay ningún proceso que dilate expresamente el periodo de descondicionamiento; él está ahí inmediatamente, y, por lo tanto, no hace falta esfuerzo alguno.

Pregunta: ¿Cómo puede la gente, incluyéndome yo mismo, tener este amor por la realidad?

Krishnamurti: No podéis tenerlo, señor; no podéis comprarlo. Para los que no conocen el amor, ningún sacrificio ni intercambio lo traerá ¿Cómo conseguís el amor? ¿Por la práctica, por el esfuerzo, porque se os diga día tras día, año tras año, que améis? La mera bondad no es amor; pero el amor incluye la bondad, la amabilidad, el interés por otro. Como veis, el amor no es un resultado final; y en el amor no hay apego. El amor sólo viene cuando no hay temor. Puede uno estar casado, vivir con una familia y amar sin apeno. Pero eso es increíblemente arduo; eso requiere vigilar todo el tiempo.

Pregunta: ¿Es distinta la energía que se necesita para descubrir acerca de la muerte, de la que se requiere para la meditación?

Krishnamurti: El otro día explicaba que, para vivir con la muerte o para vivir con cualquier cosa con vuestra esposa, con vuestro marido, vuestros hijos, vuestro prójimo- necesitáis energía. La necesitáis para vivir con una cosa bella o con una cosa fea. Si no tenéis energía para vivir con la belleza, os habituáis a ella; y si no tenéis energía para vivir con algo feo, esa fealdad os corrompe, os corroe. Y del mismo modo, para vivir con la muerte, que es morir para todo, cada día, cada minuto, hace falta energía. Y entonces no hay miedo de la muerte, cosa que examinamos el otro día. Y esa misma energía se necesita en la comprensión de sí mismo. ¿Cómo podéis comprenderos a vosotros mismos si no tenéis la energía para ello? Y esta energía surge cuando no hay temor, ni apego a vuestra propiedad, a vuestro marido, esposa, hijos, país, dioses y creencias. Esta energía no es algo que pueda medirse poco a poco; tenéis que tenerla por completo para penetrar en esto. No hay diferencia entre energías: sólo hay energía.

Pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre concentración y atención?

Krishnamurti: Este señor quiere saber qué diferencia hay entre concentración y atención. Entraré en ello muy sucintamente. Donde hay concentración hay un pensador, y el pensador se separa a sí mismo del pensamiento, y por consiguiente tiene que concentrarse en el pensamiento para producir en este último un cambio. Pero el pensador mismo es resultado del pensamiento. El pensador no es diferente del pensamiento. Si no hay pensar, no hay pensador.

Ahora bien, en la atención no hay pensador, no hay observador; la atención no es desde un centro. Experimentad con esto; escuchad todo lo que os rodea; oíd los diversos ruidos, el movimiento de las personas mientras uno está hablando, sacando un pañuelo, mirando un libro, todo lo que está pasando ahora. En esa atención no hay pensador, y por o tanto no hay conflicto, ni contradicción, ni esfuerzo. Observar exteriormente es bastante fácil, pero estar atento interiormente a cada pensamiento, cada gesto, cada palabra y sentimiento, requiere energía. Y cuando estáis tan atento, habéis terminado con todo el mecanismo del pensar; y sólo entonces es posible ir más allá de la conciencia.

Jiddu Krishnamurti

El Estado Creativo de la Mente.

8ª Conversación en Paris 21 de Septiembre de 1961

Sobre la Libertad: Krishnamurti


Debemos ser libres, no para hacer lo que nos plazca, sino libres para comprender muy profundamente nuestros propios instintos e impulsos.

La libertad no es para hacer lo que nos antoja, sino que consiste mas bien en estar libres de todo el tormento de la vida, de nuestros problemas, ansiedades, miedos, heridas psicológicas y de todo el conflicto que hemos tolerado en nosotros mismos y en el mundo.

Estar por completo libres internamente del "Yo" sin ser absorbidos por algo - ya sea un paisaje, una idea, etc..., es la esencia de la belleza"

Eknath Easwaran


Instrucciones de la meditación

Ocho pasos

Eknath Easwaran

Éstos son los ocho puntos del programa para una vida eficaz que he aplicado en la mía propia. Como una especie de revisión, cada punto va acompañado aquí de algunas sugerencias relevantes que hice en los capítulos anteriores.

1. DESACELERARSE

Para no ir apurándose a medida que avanzan las horas, empiece el día temprano.

Dedique media hora cada mañana a meditar o a la lectura inspiradora o la reflexión. No deje que nada se interponga en este momento valiosísimo de su día.

Tómese tiempo para un buen desayuno.

Calcule el tiempo como para llegar a sus citas un poco temprano.

Simplifique su vida no tratando de llenar su tiempo con más de lo que puede hacer. Empiece por hacer una lista de sus actividades. Luego pode la lista, tachando lo que no sea realmente necesario y lo que no sea beneficioso.

No trate de hacer todo lo que pueda, ni siquiera todo lo que quiera. Tenga presentes las cosas más importantes de cada día y use el mantra para no olvidarse de volver a ellas.

Destine tiempo a todas sus comidas. Siéntese y disfrute de la comida con otros. Repita su mantra antes de comer y coma con lentitud.

No deje que lo presionen para apurarse. Cada vez que sienta que empieza a acelerarse durante el día, repita el mantra para poder tranquilizarse.

Cultive la paciencia.

No apure a los que viven y trabajan con usted. Déles tiempo; también se dará tiempo a usted mismo.

Cultive relaciones personales en todas sus actividades. Contribuirá a revertir la despersonalización de nuestro mundo.

Disminuya el tiempo que pasa mirando televisión.

Disminuya el tiempo que pasa en actividades que aceleran a los chicos. Esto los ayudará a simplicar su vida y a disfrutar de lo que hacen, y a usted le dará también más tiempo para ellos.

Es importante no confundir lentitud con indolencia; esta última alimenta la negligencia, la dilación y la inefi-ciencia general. Al desacelerarse, preste mucha atención a los detalles. Entregue lo mejor de sí mismo incluso en el emprendimiento más pequeño el pasado y el futuro, a rumiar problemas, a actuar por compulsión o impulso, y así sucesivamente.

Si come y lee al mismo tiempo, por ejemplo, parte de su mente está en lo que lee y parte en lo que come. No obtiene el máximo de cada actividad.

Al hablar con alguien, dedíquele su total atención.

Recuerde las palabras de Buda: “Cuando camines, camina; cuando estés sentado; quédate sentado. No fluctúes”.

Al conducir, preste toda su atención al camino. No escuche música ni hable con sus acompañantes; dígales que necesita concentrarse. Del mismo modo, si va como acompañante, no distraiga al conductor.

No se lleve trabajo a su casa, ni en su portafolio ni en su mente. Y no lleve los problemas de su casa al trabajo.

Si su atención queda presa en algún lugar que no sea el aquí y ahora —por ejemplo, en algún hecho pasado en el que no puede dejar de pensar—, use su mantra para liberarla. Sumérjase en el trabajo o haga una caminata rápida repitiendo mentalmente el mantra.

Todo lo que usted hace debería ser digno de su atención total. Si le parece que sólo merece una atención parcial, plantéese si realmente vale la pena hacerlo.

Recuerde que aunque una actividad parezca trivial, usted está entrenando a su mente.

2. ENTRENAR LA ATENCIÓN

Evite hacer dos o más cosas a la vez, aunque parezcan triviales y usted sepa cómo manejarlas.

Al hacer más de una cosa por vez, le enseña a su mente a dispersarse. Es lo opuesto de la concentración, que es esencial para un buen desempeño en cualquier campo.

También entrena a su mente a dividirse en otros momentos: enseñándole a vacilar, a quedar atrapada en

3. ENTRENAR LOS SENTIDOS

En los alimentos que comemos, los libros y revistas que leemos, las películas que vemos, los programas de televisión que miramos, todos estamos sujetos a la dictadura de los gustos y aversiones personales rígidos.

Para librarnos de este condicionamiento, practique malabarismos con sus gustos y aversiones cuando es en beneficio de quienes lo rodean (o en su propio beneficio).

Juegue también con sus opiniones, sobre todo cuando sienta que su postura es rígida o emocional. Las opiniones que usted defiende pueden en realidad ser tan buenas como las de los demás.

Haga el ejercicio de trabajar contento con alguien que piensa que le desagrada.

No pierda el tiempo quedando atrapado en el pasado o en el futuro. Repita su mantra para volver a traer toda su atención al presente.

Elija lo que come por lo bueno que es para su cuerpo más que por su gusto.

Asimismo, la mente también come, a través de los sentidos. Elija con mucho cuidado lo que lee, mira y escucha. Pregúntese si eleva o baja la imagen que usted tiene de sí mismo y de los demás.

Recuerde que somos lo que pensamos. Lo que pasa en nuestra mente es parte de lo que somos.

4. PONER A LOS OTROS PRIMERO

Concentrarse en uno mismo erige una muralla entre uno y los otros.

Si ve que está muy concentrado en sus necesidades, sus deseos, sus planes, sus ideas, repita su mantra y vuelque su atención hacia las necesidades ajenas.

Practique poniendo el bienestar de los otros primero antes que el suyo propio. Puede empezar dentro del círculo de su familia y sus amigos, donde ya existe una base de amor y respeto a partir de la cual construir.

Que encontrar maneras de hacerlo le resulte un juego: deje que la otra persona elija la cena para los dos por ejemplo, o vaya a ver la película que el otro quiere ver Comparta actividades con sus hijos. Diviértase con su diversión.

No compita en ninguna relación. Busque en cambio maneras de complementarse.

Cuando surjan diferencias, recuerde que no es necesario ser desagradable para disentir.

Tómese tiempo para escuchar con total atención y respeto: es posible que disientan menos de lo que usted cree.

Si tiene hijos, anteponga el bienestar de ellos. Cuando esto signifique decir no — algo muy importante con los chicos — puede hacerse con amor, ternura y respeto.

5. COMPAÑERISMO ESPIRITUAL

Cultive tiempo con personas cuya compañía lo eleve.

Resulta especialmente útil pasar tiempo con regularidad con personas que fundan su vida sobre los mismos valores espirituales. Si trata de seguir el programa presentado aquí, es invalorable asociarse con otros que sigan el mismo programa.

Comparta sus momentos de diversión también con esas personas. La relajación constituye un elemento importante para aprender a desacelerarse.

6. LECTURA ESPIRITUAL

Los medios de comunicación lo sumergen en una imagen tan baja del ser humano que es esencial que recordemos constantemente algo más elevado.

Por esa razón, recomiendo media hora más o menos por día para leer las escrituras o los escritos de los grandes místicos de todas las religiones. Una hora particularmente buena es antes de acostarse, después de la meditación nocturna, porque los pensamientos con los que nos dormimos nos acompañan toda la noche.

Elija su camino con mucho cuidado. Un buen maestro espiritual vive lo que enseña, y es responsabilidad del discípulo ejercitar un juicio bien fundado. Una vez que elija, sea totalmente leal a su maestro.

7. EL MANTRA

Un mantra, o Nombre Sagrado, es una fórmula espiritual muy fuerte que, repetida en forma silenciosa en la mente, tiene la capacidad de transformar la conciencia. No tiene nada de mágico. Es sólo una cuestión de práctica, como podrá verificarlo usted mismo.

Elija un mantra que le guste mucho de la lista de los que recomiendo en la página 210. (Si tiene dudas, le recomiendo el mantra de Mahatma Gandhi: Rama Rama). Una vez que lo haya elegido, no lo cambie.

Repita su mantra en silencio siempre que pueda: mientras camina, mientras espera, mientras hace tareas mecánicas como lavar los platos, y especialmente al dormirse. Descubrirá que no es una repetición sin sentido; el mantra lo ayudará a mantenerse relajado y alerta.

Cada vez que esté enojado o asustado, nervioso, preocupado o resentido, repita el mantra hasta que la agitación ceda. El mantra funciona estabilizando la mente, y todas esas emociones son fuerzas que avanzan contra usted y que el mantra puede dominar y poner a trabajar en su beneficio.

Si es posible, cuando esté agitado, salga a dar una caminata rápida repitiendo el mantra en su mente. El ritmo de sus pasos se combinará con el ritmo de la respiración para estabilizar el ritmo de su mente.

8. MEDITACIÓN

Ésta es la esencia de mi programa: meditar media hora cada mañana, lo más temprano que le resulte cómodo.

No aumente ese tiempo; si quiere meditar más, dedique media hora a la noche también, en lo posible al final del día.

Reserve un lugar de su casa para usar sólo para la meditación y la lectura espiritual. No lo use para ningún otro propósito.

Siéntese en una silla de respaldo recto o en el piso, con la cabeza, el cuello y la columna vertebral derechos.

Luego cierre los ojos y empiece a recorrer con lentitud, en su mente, las palabras de uno de los pasajes que le recomiendo memorizar para usarlos en la meditación. Le sugiero que aprenda primero la Oración de San Francisco de Asís, que encontrará en la página 172.

No se deje llevar por ninguna asociación de ideas ni trate de pensar en el pasaje. Si presta su atención a cada palabra, el sentido no puede menos que perderse.

Si surgen distracciones, no las resista, pero preste más atención a las palabras del pasaje.

Si su mente se aparta totalmente del pasaje, vuelva a traerla al inicio y empiece de nuevo.

Al llegar al final del pasaje, puede volver a usarlo todas las veces que sea necesario para completar su tiempo de meditación, hasta memorizar otros.

Es útil tener una amplia variedad de pasajes positivos, prácticos e inspiradores para la meditación. Yo recomiendo especialmente:

el Salmo veintitrés

el Shema

la Oración del Señor

las Bienaventuranzas

la “Epístola sobre el amor”de San Pablo (I Corintios 13)

La Imitación de Cristo, III.5 (“El maravilloso efecto

del amor divino”) de Thomas de Kempis

el Dhammapada de Buda, Capítulo I

el Bhagavad Gita, 2.54-72;9.26-34; Capítulo 12 (“El camino del amor”); y 18.49-73

“Invocaciones”, Ansari de Herat

Si este programa de ocho puntos es seguido a diario de acuerdo con la capacidad máxima de cada uno, como puedo atestiguarlo por mi propia experiencia, todos pueden llevar una vida segura y sin egoísmo. Aunque más no sea un poco de práctica empezará a transformar su vida, generando cambios profundamente beneficiosos en usted mismo y en el mundo que lo rodea.

J. KRISHNAMURTI


Extracto de TRAGEDIA DEL HOMBRE Y DEL MUNDO: LA MENTE MECÁNICA de J. KRISHNAMURTI


A modo de prólogo

Sin comprender el mecanismo, todo el proceso de la propia mente, no puede uno ir muy lejos; y tenemos que emprender un viaje en lo atemporal. Para hacer esto, tenemos que empezar muy cerca: en nosotros mismos. Por esto es tan importante darse cuenta del funcionamiento de la propia mente, lo cual es el comienzo del conocimiento de sí mismo *.

Por todo el mundo, mentes superficiales y hábiles, con su capacidad para escribir y expresarse, influyen sobre muchísimas personas para que den cada vez más importancia a la información o el conocimiento, volviéndolas por consiguiente cada vez más dependientes de las cosas externas. Aunque útil y necesario en ciertos niveles de la existencia, el conocimiento no es un fin en sí mismo, y cuando se le da indebida importancia se convierte en una fuente de ansiedad, de culpabilidad, de desesperación *.

La mente se ha adiestrado en el conocimiento y ha pasado por muchas turbaciones, muchas experiencias, sujeta a innumerables influencias; ¿y puede una mente así liberarse de todo ese trasfondo y ser inocente? Por cierto, sólo la mente inocente es la que no tiene ansiedad, miedo, desesperación. Pero en el mundo moderno estamos encerrados en el miedo, en la desesperación, en un gran sentimiento de incertidumbre *.

Tenemos diversas formas de desesperación: la desesperación por no poder realizarnos, por no lograr una meta, por no ser alguien en este mundo, etc. Está también la desesperación de la soledad, y la desesperación de la interminable confusión. No sabiendo qué hacer, acudimos a alguien un líder político, religioso o científico- para que nos diga qué hay que hacer, y tarde o temprano llegamos a conocer la completa futilidad de que meramente se nos diga qué hay que hacer. Como estamos inseguros y en desesperación, acopiamos experiencia como conocimiento; pero el conocimiento no disipa la desesperación, la experiencia no elimina el sentimiento de ansiedad en la vida. Para mí, el trasfondo de conocimiento o experiencia, con su incesante exigencia de más experiencia todavía, es la fuente de la desesperación, porque no hay inocencia en este estado condicionado. Es sólo la mente fresca, inocente, la que no tienen desesperación. Pero la mayoría de nosotros nos pondríamos a dormir si no hubiera reto exterior. Si no tuviéramos que ganarnos la vida, competir con el prójimo, entendernos con nuestro jefe; si no existieran los estímulos de la propaganda, los artículos de revistas que nos dicen cómo lograr éxito, como un limpiabotas puede llegar a millonario, presidente o lo que sea; si no existieran estos estímulos, exigencias y retos externos, la mayoría de nosotros tendríamos una vida insípida, estancada, estúpida. Y no es que nuestra vida no sea ya así, es así; pero esta constante presión desde fuera nos mantiene en marcha *.

No estamos abogando por la ignorancia. Para mí, la ignorancia no es la falta de conocimientos librescos. Si no habéis leído las últimas novelas, si no estéis familiarizados con la filosofía del materialismo dialéctico y todo lo demás, esto en sí mismo no significa que seáis ignorantes. Para mí, ignorancia es el no darse cuenta del funcionamiento de la propia mente. La falta de conocimiento propio es la esencia de la ignorancia. No digo que debáis rechazar todo conocimiento libresco. No podemos. Lo que señalo es que una mente despierta no necesita del estimulo del reto y la respuesta. Como está despierta, no busca ninguna experiencia. Es luz en sí misma. Y, por cierto, una mente así puede vivir en este mundo de culpabilidad sin ansiedad y sin desesperación. Es la mente que no ha despertado, que es dependiente, que es ignorante de sí misma, la que se halla en un estado de conflicto y miseria *.

Todos vamos envejeciendo, aun los jóvenes envejecen, y cuanto más envejecemos tanto más nos volvemos rígidamente fijos en nuestro condicionamiento. Nuestros hábitos de pensamiento se hacen más pesados, nuestros días se toman más y más una rutina, y cualquier cosa que amenace lo habitual, la rutina, engendra ansiedad y temor. E inevitablemente, al final de todo eso está la muerte, que llega a ser otro tremendo dolor. No es pues la mente hábil, ni la infortunada, ni la que se ha vuelto filosófica, racionalizándolo todo para no ser perturbada; no es ninguna de estas, sino sólo la mente inocente la que puede comprender, la que puede conocer o darse cuente de ese extraordinario algo que puede llamarse lo innominable, lo inmensurable, o como queráis *.

La sociedad, con su código de ética, sus responsabilidades, sus valores tradicionales, insiste en su exigencia de que el individuo se ajuste al patrón establecido, y a esta conformidad la llama moralidad; y es inmoral la persona que se desvía del patrón. Pero, por cierto, uno tiene que estar totalmente libre del patrón, tiene que romper por completo con la estructura psicológica de la sociedad, lo que significa que tiene que darse cuenta de toda esta estructura en sí mismo, tanto en la mente inconsciente como en lo consciente *.

La sociedad exige obediencia, la obediencia que una madre espera de su hijo, y por ser esclavos de la influencia aceptamos instintivamente la autoridad de la sociedad, la autoridad del sacerdote, la autoridad del símbolo, la autoridad de la tradición. En cuestiones tales como mantener la derecha en el camino, pagar los impuestos, etc., debemos naturalmente aceptar la autoridad de la ley; pero no estamos hablando de eso. Hablamos de la tendencia psicológica a obedecer, que implica esclavitud a la influencia *.

Por cierto, en un mundo confuso en el que hay tanto conflicto y miseria, es extraordinariamente urgente comprender que la libertad es el requisito primario de la mente humana, no el consuelo, no un fugaz momento de placer, sino una libertad total, en la cual puede únicamente haber felicidad. Pues la felicidad no es un fin en sí misma; como la virtud, ella es un subproducto de la libertad. Una persona que es libre es virtuosa; pero un hombre que sólo practica la virtud adaptándose al patrón establecido por la sociedad, jamás puede saber lo que es la libertad, y por lo tanto nunca puede ser virtuoso *.

Sin estar libre del pasado no hay libertad en absoluto, porque la mente jamás es nueva, fresca. Sólo la mente fresca, inocente, es libre. La libertad no tiene nada que ver con la edad, nada que hacer con la experiencia; y me parece que la esencia misma de la libertad reside en la comprensión de todo el mecanismo del hábito, tanto consciente como inconsciente. No es cuestión de poner fin al hábito, sino de ver totalmente tu estructura. Tenéis que observar cómo se forman los hábitos y cómo, desechando o resistiendo uno, se crea otro. Lo que importa es ser enteramente consciente del hábito; porque entonces, como veréis por vosotros mismos, ya no existe más la formación de hábitos. Resistirlo, combatirlo, rechazarlo, sólo da continuidad al hábito. Cuando combatís un hábito determinado, le dais vida, y entonces el hecho mismo de combatirlo se convierte en un hábito más. Pero si sencillamente os dais cuenta de toda la estructura del hábito sin resistencia, entonces hallaréis que os libráis de él, y en esa libertad tiene lugar una cosa nueva *.

Psicológicamente somos el resultado de nuestro ambiente educativo y social. La sociedad, con sus códigos de moralidad, sus creencias y dogmas, sus contradicciones, conflictos, sus ambiciones, codicias, envidias, guerras, es lo que nosotros somos. Decimos que en esencia somos el espíritu, que somos el alma, que formamos parte de Dios, pero estas son meras ideas que nos da la propaganda de la iglesia o de alguna sociedad religiosa; o la hemos recogido de los libros, o de nuestros padres, que reflejan el condicionamiento de una cultura particular. Somos pues, esencialmente, un manojo de recuerdos, un puñado de palabras *.

¿En qué estamos interesados la mayoría de nosotros? Si tenemos dinero, nos volvemos hacia las cosas llamadas espirituales, o nos entregamos a los entretenimientos intelectuales, o discutimos de arte, o nos dedicamos a pintar para expresarnos. Si no tenemos dinero, tenemos ocupado el tiempo día tras día en ganarlo, y estamos atrapados en esa miseria, en su interminable rutina y fastidio. La mayoría de nosotros estamos adiestrados para funcionar mecánicamente en algún empleo, año tras año. Tenemos responsabilidades, esposa e hijos que sostener, y, presos en este enloquecido mundo, tratamos de ser serios, de volvernos religiosos; vamos a la iglesia, ingresamos en esta o aquella organización religiosa. Pero nada de eso producirá esta extraordinaria transformación de la mente. El mundo se encuentra en un estado de crisis, y hay desintegración, degeneración. Nos vemos aprisionados en esta ola de degeneración, y parece que somos enteramente incapaces de salir de ella *.

Nuestra conciencia es el área entera de nuestro pensamiento, todo el campo de la idea y de la ideación. El pensamiento organizado llega a ser la idea de la que surge la acción: y la conciencia está formada por las muchas capas de pensamiento, tanto ocultas como manifiestas, lo consciente lo mismo que lo inconsciente. Es el campo de lo conocido, de la tradición, del recuerdo de lo que ha sido. Es lo que hemos aprendido, el pasado en relación con el presente. El pasado que hemos heredado a lo largo de los siglos, el pasado de la raza, de la nación, de la comunidad, de la familia; los símbolos, las palabras, las experiencias, el choque de los contradictorios deseos; las innumerables luchas, los placeres y los dolores; las cosas que hemos aprendido de nuestros antepasados, y las modernas técnicas que se han agregado: todo esto es la conciencia, es el campo del pensamiento, el campo de lo conocido, y nosotros vivimos en su superficie. Se nos enseña desde la infancia a adquirir conocimientos, a competir; aprendemos una técnica, nos especializamos en determinada dirección para tener un empleo y ganarnos la vida. Esta es toda nuestra educación, por lo cual continuamos viviendo en la superficie; y bajo la superficie existe este enorme pasado, el tiempo inmemorial. Todo eso es lo conocido. Aunque no nos damos cuenta de lo inconsciente, ello está no obstante dentro del campo de lo conocido. Este es uno de los mayores problemas de la vida moderna, porque se nos enseña, se nos educa, se nos condiciona para seguir dentro del campo de lo conocido, y dentro de ese campo hay incesante ansiedad, desesperación, miseria, confusión, dolor. Sólo el inocente puede ser creativo, puede crear algo nuevo y no sólo producir mecánicamente un cuadro, una poesía, o lo que sea *.

La mayoría de nosotros somos esclavos de las palabras, y las palabras han llegado a ser extraordinariamente importantes. Las palabras son necesarias como medio de comunicar, mas para la mayoría de nosotros, la palabra es la mente, y estamos esclavizados por las palabras. Hasta que comprendamos esta profunda cuestión de la verbalización, y la importancia de la palabra, y cuán esclavos somos de las palabras, seguiremos pensando mecánicamente, como computadoras. La computadora es la palabra y el problema. Sin el problema y la palabra; no habría computadora, no tendría ningún valor. Para la mayoría de los seres humanos también, la palabra y el problema son enormemente importantes *.

A menos que haya un cambio completo, una completa mutación en toda la conciencia del individuo, cualquier sociedad basada en los impulsos adquisitivos y la agresión, está destinada a ser más y más cruel, más y más tiránica, más y más entregada a los valores materialistas, lo que significa que la mente se hará cada vez más esclava de esos valores. No sé si os dais cuenta de todo esto. Probablemente la mayoría de vosotros leéis los diarios cada día, y desgraciadamente os habituáis a ello, os habituáis a leer sobre las crueldades, los asesinatos, las brutalidades. Leer todo eso cada día embota la mente, y así se acostumbra uno a estas cosas *.

Observa uno el catastrófico estado del mundo, y siente que tiene que haber una tremenda revolución, una completa mutación en la mente, de modo que el ser humano sea realmente un ser humano, libre de problemas, libre de dolor, que viva una existencia plena, rica, completa, y que no sea la entidad torturada, conducida, condicionada, que ahora es *.

Tenéis que daros cuenta de los movimientos de vuestros pensamientos, tenéis que observar vuestras actividades, tanto conscientes como inconscientes, sin evaluación. Esto requiere una mente extraordinariamente alerta, activa. Pero en la mayoría de nosotros la mente es torpe, está medio dormida; sólo partes de ella son activas, las partes especializadas, con las cuales funcionamos automáticamente mediante la asociación, como un cerebro electrónico *.

Observamos que en la moderna civilización, en la que todo está siendo altamente organizado, hay cada vez menos y menos libertad en la acción. Estamos perdiendo espontaneidad y pasión en la acción. Para la mayoría de nosotros, la acción se ha convertido en rutina. Ya sea que vayamos a la oficina cada día, que lavemos platos en la cocina, que escribamos, pintemos, o lo que queráis, nuestra acción se está haciendo más y más canalizada, amoldada a una serie de normas, y cuando todo lo que hacemos se reduce así a una rutina obviamente no se pone en duda la acción, no se inquiere en la acción en absoluto *.

Cada uno de nosotros necesita una total mutación, debe haber una completa transformación en lo más profundo, en las raíces mismas de nuestra conciencia; de otro modo somos meros autómatas viviendo en un mundo sombrío, superficial, con todos sus conflictos, dolores, miserias, y respondiendo sólo a las exigencias y apremios más superficiales. Para producir esta fundamental revolución interna, necesitamos indagar la acción; debemos descubrir si hay una acción que no es dictada por las circunstancias, por la ambición, por las exigencias sociales, por los ideales reformatorios, por las presiones nacionalistas o de otra clase. Para descubrir si existe tal acción, me parece que necesitamos penetrar muy profundamente en nosotros mismos, tan profundo que la mente ya no esté operando más de acuerdo a ideas, conclusiones, recuerdos, y sea por lo tanto capaz de vivir en ese total presente que por sí solo modifica la naturaleza de la acción